Escrito e ilustrado por Miguel Ángel Mosquera Sánchez

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 *Fiiiiiiiu…*¡Clank!

 El sonido que se produce cuando una moneda dorada cae al suelo fue una señal que me obligó a cerrar este pesado libro verde e ir por un vaso de agua. 

 *Uuun* - Estiré mis brazos y expulsé un gemido mientras me levantaba de la cama, la arreglé rápidamente y salí de mi habitación distraída.

 Mientras caminaba hacia la cocina, mi memoria recordó lo importante que era tomarse las píldoras marrones demasiado tarde y castigué mi frente con una ligera palmada. 

 Llegué hasta el mesón y rápidamente saqué del gabinete un vaso rojo la cual llené de agua. Cuando incliné un poco mi cabeza, noté que la bolsa negra, donde guardaba mis píldoras, no estaba.

 *¿En… donde lo dejé?* - me pregunté desconcertada. Me animé de inmediato cuando divisé la bolsa sobre la horrible alfombra violeta que me obsequió mi abuela.

 Extendí mi mano para recoger la bolsa negra. Después de abrirla, mis delicados dedos exploraron el interior de la bolsa. De repente, sintieron un pellizco, aunque pudo haber sido un corte, no le dí mucha importancia.

 Mis dedos inspeccionaron aquello que provocó el pellizco, tenía forma de rectángulo - *Esto es…* *es una tableta, entonces no es eso… -* Dije mientras sumergía mis dedos incluso más profundo, lo siguiente que sintieron era suavidad.

 *¿Uh? ¿Qué es esto?…* - Vencida por la curiosidad, decidí sacar aquello que había alcanzado mi mano - *¿Algodón? ¿Qué hace esto aquí?* - Confundida y un poco decepcionada, dejé el algodón sobre el mesón, y continué la busqueda.

 Esta vez, mis dedos sintieron la forma de un cilindro, entonces supe de inmediato lo que era. 

 *¡Ahí estás!* - Era el frasco de píldoras marrones que estaba buscando. Lo saqué sin parpadear y puse la bolsa negra sobre el mesón.

 Sin mirar en absoluto, introduje una píldora, ojalá marrón, dentro de mi boca, la empujé hasta el fondo con mi lengua, posteriormente bebí toda el agua  y me la tragué.

 Luego me dejé caer hacia el sofá celeste y recorrí juguetonamente con mi dedo indice el contorno de los circulos blancos que simulaban ser nubes, admirando su diseño. Sobre el acolchonado soporte, cerré mi visión sin pensarlo y me dediqué a contar ovejas.

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